7 de noviembre de 2010
Frappé Mocca ♡
El frapuccino es ideal para los días agobiantes de verano donde la taza aliada de café se torna una enemiga por las altas temperaturas. Es un empujón de cafeína, pero tan helado que nos ayuda a arrancar el día con muchas energías.
Y lo mejor de todo es que las combinaciones que se pueden realizar dependen de la imaginación y gusto del que lo consuma ya que se puede agregar todo tipo de salsas, gustos de helados, especias, galletitas y un sinfín de cosas más
El éxito del frapuccino reside en que combina un montón de elementos: es refrescante pero también revitalizante por la cafeína y es dulce por sus combinaciones que pueden ser múltiples. Por esta razón, es consumido muchas veces como postre ya que el único defecto de esta bebida es que no se caracteriza por ser de dieta porque por lo general tiene un alto valor calórico y suele ser un poquito pesada a la hora de digerir.
La expansión del frapuccino
Actualmente en Argentina, los frappes no son únicamente comercializados por la famosa cadena Starbucks, sino que se consiguen en heladerías, de cafés, en Mc Cafés y hasta en las góndolas de los supermercados en un envase que evoca los jugos infantiles por su diseño ya que incluye un pequeño sorbete.
Para los que se animan les dejo la receta que pertenece al libro de Clarín de Narda Lepes ya que resulta muy sencilla de realizar y sólo se necesitan algunos elementos que por lo general todos tenemos en casa.
Un litro de leche
4 cucharas de leche condensada (optativo)
5 cucharas de capuchino instantáneo
Hielo, cantidad necesaria
Chocolate rallado.
Colocar en una licuadora el hielo, el capuchino instantáneo, la mitad de la leche y accionar en velocidad máxima. Una vez que el hielo parezca nieve, incorporar el resto de la leche líquida y la leche condensada. Accionar nuevamente. Retirar y servir en vasos de trago largo acompañado del chocolate rallado. Se puede reemplazar la mitad de la leche por helado de crema americana o vainilla, en este caso no hay que utilizar la leche condensada porque la preparación resultaría muy dulce. Para hacer del frapuccino una versión para adultos, se puede agregar una medida de licor de café, coñac o whisky. Con un poquito de imaginación y un frappe mocha en mano ya nos sentimos como Britney caminando por Rodeo Drive.
Muu Lechería
Inaugurado hace apenas algunos meses, Muu lechería ofrece a sus comensales un viaje en el tiempo: su estética pronunciada de los años cincuenta, las fotos de íconos de la época como Marilyn o Elvis, el rock de fondo sonando y su propuesta gastronómica marcadamente americana provocan que cualquier persona sienta que ha vuelto al pasado cual Marty Mcfly en Back to the future.
Las porciones son más que abundantes y si bien estamos familiarizados con la comida yanquee por el boom de los monopolios del fast food, Muu apuesta a un cambio con respecto a las cadenas: todos sus platos son caseros, pensados y muy sabrosos. Ideal para ir a merendar, el fuerte del lugar es el Empire Breakfast (se sirve tanto de desayuno como de merienda) y lleva frutas frescas, un tazón (literalmente gigante) de café con leche, un cupcake de vanilla, huevos revueltos y tostadas de campo con queso crema y mermelada. No pueden faltar los clásicos: hay milkshakes, waffles y burguers de todo tipo (incluso una de camarones).
Muu ofrece un viaje en el tiempo que todos deberíamos hacer: es lo más similar que hay al bar de Volver al futuro y por suerte no necesitamos un DeLorean para poder disfrutar sus deliciosas meriendas.
18 de octubre de 2010
25 de junio de 2009
Cinco años no es nada

A los cinco años me mudé con mi pequeño hermano Alejo y mis padres a la localidad de Luis Guillón, en zona sur. Por cuestiones de de comodidad, comencé preescolar en un jardín cercano a la casa de mis abuelos maternos, quienes me cuidaban a diario. En ese establecimiento perduré hasta noveno año. De esa experiencia hay pocos aspectos positivos que resaltar, pero sí muchas anécdotas inverosímiles. En preescolar el cuadro empeoró notablemente. No solo que no me adapté al jardín, sino que además había grandes diferencias con el jardín anterior. Era la única niña que sabia leer y escribir. No aspiraba a ser princesa ni muchos menos pretendía parecerme a Barby, no me gustaba jugar a la mamá ya mis aspiraciones eran de otra índole, y no me interesaba personificar a la hada madrina en un acto escolar. Agravando un poco más el asunto, mi mamá no quería que yo siga leyendo, ya que le parecía poco pedagógico que me adelantara algunas etapas con respecto a mis compañeritos. Esta situación provocaba que mi abuela me enseñara a escondidas, que mi mamá se diera cuenta y la retara, y mientras tanto, yo aprendía y me aburría. Esto derivaba en mal humor, peleas y pellizcazos con mis compañeros. Será por todo lo anterior, o por otras circunstancias que no recuerdo, pero en preescolar le ordené a mí maestra a que se perfeccionara en sus estudios, ya que no me gustaban sus clases. Pero a fin de año se presentó una oportunidad que no debía dejar pasar. Los niños que sabían leer, leerían un absurdo cuento, que aún conservo, acerca de un rey que vivía en un país no tan lejano. Dentro de mí sentí que por primera vez tenía una situación para mostrarme y sentirme integrada, ya que mi actitud no era muy convencional teniendo en cuenta mi edad. Sin embargo, mi compañerita de ojos azules y cabellos rubios leyó el cuento en un enorme gimnasio. Obviamente, ese día llegué a mi casa llorando sin entender porque ella había leído un cuento que yo creía leer mucho mejor.
9 de mayo de 2009
Está escrito
Nací en la época de lo descartable, donde nada dura y la celeridad se incrementa en una sociedad cada vez más consumista. Esto se puede observar bien en las relaciones, los proyectos e ideas. Durante el año 2007, mi vida dio un giro trascendente. Me anoté en la facultad de ciencias sociales, viví hermosos momentos y escribí el discurso de fin de año, lo cual fue todo un logro para mí. Además, y no menos importante, volví con Eliel, al cual nunca había dejado de amar. Mi manera de escribir también había cambiado, dejé de lado mi patetismo sentimental para darle la bienvenida a conflictos externos y temas de interés general. Me fue mucho mejor de lo que pensaba.
También comencé a analizarme, lo cual me ayudó mucho en varios aspectos. Se me podría tildar de vanidosa, melodramática, inconformista y perfeccionista hasta el cansancio. Son puntos que trabajo arduamente con mi querido psicoanalista Jorge.
Desde que comencé el ciclo básico común, muchas trasformaciones surgieron a mí alrededor, las cuales adopté lentamente o con gran rapidez, siempre evaluando el caso
Como mencione antes, me siento inclinada por las extremidades y eso se ve reflejado en mis gustos y manías. Me encantan las películas de Hollywood, pero también adoro el cine independiente.
Detesto la desigualdad, la manipulación de la información, el materialismo, las largas esperas y los medios de transporte público.
Adoro a Tarantino, a mi novio Eliel, a la estética de los años 50, el helado de mascarpone, los fideos con tuco de mi abuela Tico, las agendas y la moda. Dudo mucho que la moda sea sinónimo de materialismo, la cuestión es entenderla y sobre todo llevarla. Sueños: miles. De los más variados y exóticos.
Dicen que en las extremidades hay puntos en común, pero me cuesta mucho hallarlos, todavía sigo en la lucha. Toda mi vida esta rodeada de producciones realizadas por mí, que no tienen nada en común. Algunos de mis cuentos, que releo a medida que pasa el tiempo, me causan risa, otros me parecen horribles y solo algunos considero geniales. Pero siempre tuvieron algún sentido, porque todo lo que nos va pasando en el transcurso de la vida, de una manera u otra, se ve reflejado en nuestros actos. Lo mío era escribir. Llegué a escribir textos amarillistas, críticas políticas, reflexiones morales, cartas de repudio a revistas de rock e historias de amores no correspondidos.
Mi vida se puede resumir en dos palabras: vertiginosa y acelerada, tal como soy yo.
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